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Magic Stories - Las Crónicas de Bolas: Susurros de Traición

¡Hola a todos de nuevo, queridos Vorthos! Tras el parón de la semana pasada retomamos las Magic Story con el cuarto capítulo de esta serie escrita por Kate Elliott. Si queréis recapitular tenéis el último capítulo aquí, que concluía con el descubrimiento de que Tae Jin es un Ghostfire Warrior. Tras una demostración de su poder invocando la Espada Fantasmal (Ghostfire Blade), consigue matar al dragón que les estaba atacando, aunque es herido en el lance. Yasova y su grupo de exploradores tienen que decidir lo que hacer con él. ¡Y aquí comienza nuestra historia de hoy!

La madre de Tae Jin sirvió a Shu Yun, líder del clan Jeskai, antes de la caída de los clanes a manos de los Dragones Ancianos (Elder Dragons). En un esfuerzo por mantener las tradiciones ancestrales mandó a su hijo a formarse con un maestro del camino del Fuego Fantasmal (Ghostfire), que le formó y es el responsable del viaje que le ha traído a este lugar.

Ghostfire Blade ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Cyrik Van der Haegen

Su maestro recibió una visión del mismísimo Ugin, en la que el mismísimo Dragón Espíritu le indicaba que había llegado el momento de compartir la historia que había sido contada a sus ancestros. Si la historia era conocida en más lugares, correría menos peligro de ser olvidada.

Mientras mantienen esta conversación el orco Fec les advierte que una Tormenta de Dragones se acerca a gran velocidad. Pese a las heridas de Tae Jin, deciden avanzar buscando un refugio, mientras las gemelas Naiva y Baishya comparten sus experiencias con el forastero. Ellas solo conocen la vida bajo el yugo de Atarka, y no entienden la necesidad de recordar la manera en la que vivían antes, ni la importancia de que no se olvide. Tae Jin con su sabiduría las hace entrar un poco en razón.

 

Finalmente llegan a un refugio al lado del río, en el que pueden disimular su olor por si aparecieran más dragones. Es el momento de que Tae Jin continúe su historia, la historia que Ugin le contó a sus ancestros:

 

'Sufrí una noche miserable entre escalofríos y empapado en sudor mientras que el efecto del veneno se desvanecía lentamente. Con razón otras cuatro calaveras de dragón se habían sumado a la de nuestra hermana, Merrevia Sal, como adornos en lo alto de la puerta de entrada de la empalizada. Solo necesitaban herir a su objetivo y seguirlo mientras que se iba debilitando.

Pero yo era un hueso duro de roer, o quizás lo suficientemente afortunado como para haber recibido únicamente un rasguño en vez de una herida profunda con la que el veneno pudiera haberme alcanzado el corazón. Al alba me sentía como sin fuerzas, pero al menos podía extender y recoger la garra sin que me doliera, aunque el resto de la pata seguía entumecida.

Las hogueras de gente haciendo guardia habían ardido durante toda la noche abajo en la lejanía. Habíamos escuchado en la distancia un murmullo de actividad, como si hubiéramos obligado a las hormigas a salir de su hormiguero. En cuanto hubo un poco de luz, los fuegos fueron extinguidos. Los cuernos resonaron con un ímpetu estridente. Nicol se había pasado toda la noche en una silenciosa contemplación, encaramado al pico de la montaña. Con el sonido de los cuernos, se rió calladamente entre dientes, pues lo encontraba increíblemente entretenido. A mí no me hacía gracia en absoluto.

"Deberíamos irnos," dije. "No nos tienen miedo."

"Pronto aprenderán a tenerlo." Estiró el cuello, buscando una tener una mejor vista del pie de la montaña. Un hilo de fuego emanó de sus fosas nasales. "Qué extraño. Solo un viajero solitario está subiendo a por nosotros. ¿Cómo se atrevería un frágil humano a hacerlo?"

Knight of the Tusk ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Yongjaw Choi

"Quizás sea una trampa."

Me invadió la curiosidad, y volé desde la sombra hasta donde él estaba. El sol naciente me deslumbró. Una pequeña figura caminaba arduamente y con paso firme hacia arriba, a través de un camino de rocas desperdigadas provenientes de una erupción pasada. En cuanto el bípedo se acercó lo suficiente nos saludó alegremente, y con una amplia y relajada sonrisa, siguió escalando hasta donde nos encontrábamos.

"No le incineres," le susurré, ya que Nicol había levantado la cabeza, inclinándola de tal manera que parecía que fuese a saltar sobre aquél valiente solitario.

"Incinerar es demasiado vulgar, Ugin. Estoy desarrollando métodos más sutiles. De todos modos, para nada creo que sea un humanoide al uso."

"¡Hermanos! Saludos." Dijo el bípedo de manera desafiante. "Me sorprende veros por aquí. Este lugar ya no es seguro para los nuestros."

"¿Chromium Rhuell?" Le rugí soprendido.

Nicol se sentó sobre sus patas traseras con un resoplido enfadado. "¿Cómo haces eso?"

"¿Hacer qué?" Preguntó el bípedo, que se parecía extremadamente a un humano embarazado excepto por el brillo de sus ojos como zafiros, resplandecientes por el poder del dragón.

"Convertirte en humano de una manera tan convincente." Nicol olisqueó el ambiente e hizo una mueca. "Incluso hueles como uno de ellos. Rancio y crédulo."

"Es una artimaña que desarrollé para poder caminar entre ellos."

Nicol me miró de reojo para ver cómo iba a responder a una revelación de tal calibre.

"¿Qué has podido observar, Hermano?" Le pregunté.

"Los humanos son realmente fascinantes, y hay muchas cosas sobre ellos que debemos saber. ¿Por dónde debería empezar?"

"Por aquellos que viven aquí, en la ladera de la montaña que nos vio nacer," dijo Nicol.

"Los humanos visten su cara de expresiones, para evocar emociones a su antojo." Frunciendo el ceño, Rhuell hizo un gesto de desaprobación con su cabeza de humano y juntó los puños. "Estos humanos son asesinos de dragones. Su líder es un anciano que cazó un dragón de joven, y todavía sigue regodeándose de aquello sentado en una silla hecha con sus huesos. Ha decretado que cualquier persona que mate a un dragón puede reclamar un lugar entre sus herederos."

"¿Sus herederos?"

"Aquellos que pueden aspirar a gobernar una vez el jefe haya muerto."

Nicol murmuró por lo bajo, como si la respuesta alegrase. "Ya veo. Qué práctico."

Le habría preguntado qué quería decir con "práctico", pero Chromium Rhuell ya le estaba respondiendo.

"Eso no es todo. El líder sostiene que un favor divino le ha hecho estar por encima de sus súbditos. Aquellos son tocados por la sangre de un dragón, la comen o beben, son considerados santos y pueden vivir una vida de comodidades, mientras que los menos favorecidos deben servirles como esclavos."

Cavalry Drillmaster ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Slawomir Maniak

Nicol se rió entre dientes. Verle regodearse de aquella manera me preocupó. "Aquellos que son fuertes o lo suficientemente inteligentes se sobrepondrán ante aquellos que son débiles y estúpidos, ¿verdad? Estos son los primeros humanos que no me han decepcionado por su debilidad y empalagosa sumisión."

Con un rugido chisporroteante, me voví hacia él. "¡Nicol! ¿Cómo puedes hablar así sobre la gente que asesinó a nuestra hermana? Pensaba que habíamos vuelto para vengar su muerte."

"¿Ahora estás a favor de la búsqueda de venganza, Ugin? Pensaba que preferías los aburridos episodios de meditación y el insulso reino de Arcades."

"No he hecho nada para merecer tu desprecio. Lo cierto es que no me gusta ese tono arrogante que usas conmigo. ¡Teniendo en cuenta especialmente que te salvé de las fauces de Vaevictus!" 

Esperaba que se volviera contra mí de forma irascible, sin embargo, metió la cabeza entre sus patas delanteras y entrecerró los ojos. Alguien que no le conociera bien creería que estaba tomando el sol, tranquilo y relajado, cansado de nuestra conversación. Pero le había visto demasiadas veces observar a Arcades y los humanos de esta misma manera, y un sentimiento de aprehensión irritante se clavó en mi estómago.'

Nicol Bolas, The Ravager ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Svetlin Velinov

 

Nicol Bolas le pregunta entonces a Chromium Rhuell que cuál es su propuesta, y éste le responde tras consultar a Arcades que lo que él haría es destruir al jefe, a sus herederos, quemar todos sus templos y destrozar sus terrenos. Nicol se burla de Chromium porque hace poco decía que había mucho que aprender de los humanos todavía, y ahora quiere masacrar a inocentes solo por seguir las órdenes de sus jefes. Además los supervivientes se asentarían en otros territorios, y podrían seguir masacrándose entre ellos. Tergiversando las palabras de su hermano mayor, Nicol le pregunta que si no le importa que se maten entre ellos mientras que dejen a los dragones tranquilos. 

Lleno de ira, el hasta entonces humano se transforma en el poderoso dragón plateado que yacía en su interior, y le dice estas palabras a Nicol y a Ugin:

 

"Ya veo lo que estás haciendo, Nicol Bolas. Le das la vuelta a mis palabras para darles la forma que tú quieras, y luego les das la vuelta de nuevo para que se ajusten a tus deseos. Eres el menor de nosotros, el último en caer, ni siquiera un dragón completo sino sólo una mitad, unido como estás a Ugin. No oses desafiarme de nuevo jamás o te arrepentirás."

 

Y alzando el vuelo se aleja de ellos hacia el horizonte.

Tras una discusión entre Ugin y Nicol por las palabras que le había dedicado a su otro hermano, los enemigos despliegan su ejército acercándose a ellos.

 

'A la cabeza iban los dos herederos del señor, un hombre de mediana edad con aires orgullosos y una mujer joven, pero con aire fiero. Tras pasar por un arco construido con la espina dorsal de su hermana tiempo atrás fallecida, se corren las cortinas de un trono que ha sido transportado por los sirvientes. Un hombre con el pelo blanco y la seguridad que confiere una vida en la que ha conseguido todo lo que ha querido. Tras las diferencias por el paso del tiempo se distingue el rostro del líder de los cazadores que habían matado a su hermana, Merrevia Sal, tiempo atrás. En el tiempo de los humanos había pasado hacía mucho tiempo, pues era un hombre joven y fuerte por aquel entonces. Ahora esperaba impaciente a que le sentaran en su trono acolchado sus dos herederos.'

 

De repente los huesos de Ugin empiezan a estremecerse. Los pensamientos se suceden dentro de su cabeza en forma de susurros, cómo si de un viento maldito se tratasen. 

 

«"Ella es más joven que tú, y el jefe la prefiere a ella porque piensa que es más fiera y brava. Quiere pasarte por encima y quedarse el poder cuando él muera."»

«"Él no se fía de ti y nunca lo ha hecho. No te considera capaz ni merecedora de los favores de vuestro jefe, y hará que uno de sus espías te acuchille por la espalda en cuanto tenga una oportunidad"»

 

Mientras tanto, el jefe realiza el ritual de sangre de dragón mandándoles a buscar al dragón que habían herido con la ballesta para ser considerados dignos de su favor.

Quedan otros dos herederos, repartidos por las tierras más lejanas del territorio. Ugin todavía no comprende cuales son los planes de Nicol. Emprendiendo el vuelo, finalmente llegan a un asentamiento protegido por una gran muralla y ballestas impregnadas de veneno.

 

'Cuando los cuernos y los tambores resonaron en señal de alerta, un joven vestido con un casco con cresta salió de la casa comunal del jefe. Era alto y guapo, con los brazos y el cuello adornados con joyas de oro trenzadas que brillaban como luz solar atrapada. Igual que él, sus guerreros iban vestidos con una armadura forjada de escamas de dragón. Estas escamas habían pertenecido al dragón que había matado, estaba seguro de ello: las escamas brillaban con delicados tonos verdes bajo la luz del sol, dando a los guerreros una belleza luminosa que habían robado de uno de los nuestros. Había algo premonitorio y, sin embargo, indeciso en la forma en la que el asesino de dragones miraba a Nicol, de la misma manera en la que Nicol había mirado al sol en su momento.

¿A qué esperaba Nicol? ¿Cuál era su plan? Su lento planeo en círculos tenía un efecto tan extrañamente hipnótico que, mientras flotaba en una corriente ascendente, no podía apartar los ojos de la curiosa situación, preguntándome qué sucedería.

Los tambores pararon de sonar y los cuernos se sumieron en silencio. Una brisa se abría paso entre las ramas. El agua del lago bañaba la costa entre pequeños vaivenes. 

Mis huesos se estremecieron. Varios pensamientos se sucedieron en mi cabeza con una voz que sonaba cada vez menos como los murmullos retorcidos de un viento maldito y más y más como la de Nicol. 

«El viejo líder ha vivido más allá de su juventud. ¿Quién es él ahora para exigir obediencia cuando ya no es capaz de usar su lanza con precisión o con la fuerza suficiente para matar a un venado, y mucho menos a un hombre, y mucho menos aún a un dragón? Ha criado a tres para que sean sus herederos favoritos mientras que su a propio hijo primogénito lo descuida, a pesar de que ese digno hijo consiguió matar a un dragón después de tantos años, siendo objeto de burla por su falta de capacidad. Los dioses le otorgaron su favor al viejo, en eso todos están de acuerdo. Ese favor divino debería pasar a su hijo, ¿no es así? Sin embargo, ha sido empujado al extremo más alejado de la jefatura, obligado a dirigir a los pescadores y a vivir en medio del hedor. 

¿Qué pasa si un hijo tan digno tiene algo mejor que el cráneo de un dragón como trofeo? ¿Qué pasa si tiene dragones a su disposición? Matar a un dragón es un acto audaz para un cazador, por supuesto, sin ánimo de menospreciar tal proeza. Pero... ¿y si un dragón sirviera a un humano? Ese sí que sería un buen criterio para elegir un líder. 

Podrías dar la talla. Si arremetes contra los otros herederos. Si los vences y matas a tu padre. Un dragón podría respetar a una persona así, ¿no crees?»

Tardé en entenderle. Las enseñanzas tranquilas y comedidas de Te Ju Ki habían encontrado un hogar en mi corazón; tenían sentido para mí. Incluso cuando el joven movilizó a sus guerreros y les dio un poderoso discurso sobre el presagio de los dragones y sobre cómo habían mostrado su favor volando sobre sus cabezas y no quemando el asentamiento ni matando a nadie, no lo entendí. Incluso cuando marcharon con un propósito enérgico, y se montó en un espléndido corcel con sus oficiales vestidos de escamas a su lado, no lo entendí. Estaba convencido de que se iban a unir a los demás, para perseguir una causa común contra nosotros, incluso cuando ese tipo de acción no tenía sentido. Nosotros, dos dragones estábamos allí, justo en frente de ellos. Una y otra vez, el hijo del jefe hacía gestos hacia Nicol, quien permanecía en alto manteniendo una cautelosa mirada sobre la ballesta pero con su atención centrada principalmente en el hijo del jefe.

Cuando el último de los soldados de infantería pasó por debajo de la puerta, Nicol se dejó caer sobre la casa comunal del líder. Arrastró sus garras junto con su cola afilada, marcándolo, y rugió, solo una vez, como un en desafío o una bendición. Una gran grito enérgico surgió entre las filas. Y al son de sus canciones de guerra, marcharon hacia el asentamiento central.

 Nicol voló hacia mí, sobre el lago, donde me había quedado sobrevolando el terreno. 

"Ahora vamos a volver a la montaña que nos vio nacer," dijo.

"¿Qué estás haciendo?" Le exigí una respuesta.

"Oh, Ugin, ¿es que todavía no lo entiendes? Los humanos están llenos de odio, envidia, miedo y codicia. Cumplirán nuestras órdenes fácilmente. Solo tienes que saber dónde meter tus garras para obtener la reacción que deseas." 

El hijo del líder se dirigió hacia el asentamiento central, ahora sin su séquito de temibles guerreros, y mató a los partidarios de su padre y se sentó en el trono. Entre tanto, Nicol se posaba sobre la montaña donde nacimos, y su presencia atrajo a los otros dos herederos, cada uno con su guardia subiendo las laderas, dando vueltas y vueltas hasta que las dos facciones se encontraron cara a cara en un campo de antigua lava. Allí lucharon amargamente entre las piedras afiladas, el hombre de mediana edad contra el joven. Mientras los dos ejércitos luchaban, Nicol voló al desprotegido templo y lo redujo a cenizas, con los acólitos dentro.

Bathe in Dragonfire - Fate Reforged MtG Art

Bathe in Dragonfire ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Chris Rallis

Pero dejó vivo al desconcertado jefe entre los huesos y las vigas carbonizados de su pueblo. Después levantó al anciano casi de manera tierna entre sus garras y voló con él al cuarto y último asentamiento donde la segunda esposa del jefe se había establecido como una más de sus herederos después de que ella matará, también, a un dragón. Ella era la maga que había hechizado aquel veneno.

Cuando Nicol depositó gentilmente al anciano solo y sin protección en su patio, ella salió tan rápido como pudo. Era una mujer imponente con una marcada inteligencia que brillaba en su rostro. Su cabello trenzado, envuelto alrededor de la cabeza, estaba adornado con perlas y gemas. Los asistentes armados se arrodillaron ante el viejo jefe, quien incluso en su desaliñado y aterrorizado estado ladró a la mujer órdenes, exigiéndole un baño, comida y ropa fresca.

Mis huesos se estremecieron. Los susurros se hacían cada vez más y más fuertes.

«Te arrebató el secreto del veneno. Lo compartió con otros y te robó lo que era tuyo por derecho: el sucederle como jefe, porque tenías la astucia y la inteligencia necesaria, no como los otros herederos, que simplemente se beneficiaron de que tú fueras brillante. Tú eres la digna heredera. Esos dos usurpadores que se sientan a su lado y lo adulan creen que merecen el estandarte del asesino del dragón, mientras que el hijo de su primera esposa lucha contra ellos para arrebatarte lo que te pertenece a ti por derecho.»

La mujer chasqueó los dedos. Sus asistentes se levantaron y formaron un círculo a su alrededor, pero no con las armas apuntando hacia afuera como de costumbre para protegerlo, sino hacia dentro, para amenazarle.

"¿Qué clase de traición es esta?" gritó. "Me lo debes todo. Te saqué de aquella choza hecha de hierba pantanosa donde naciste. Permití que aprendieras de mis magos más perspicaces. Te inclinarás ante mí como corresponde."

Se acercó sigilosamente  y presionó la punta de su bastón de garra de dragón contra su rostro hasta que, temblando, cayó de rodillas ante ella.

"¡Viejo estúpido! Me levanté a pesar de que me usaste como si fuera tu esclava. Te apropiaste de algo que debería ser mío por derecho."

Lo apuñaló una, dos y hasta tres veces, y su cuerpo ensangrentado e hinchado fue arrojado a los restos de una apestosa letrina.

"¡Nos vamos! ¡En marcha!" ordenó ella a su gente. "¡Los indignos y los usurpadores se inclinarán ante mí!"'

Vosotros, mis estudiantes Jeskai, no habéis oído hablar de la guerra de los Asesinos de Dragones. Sucedió hace mucho tiempo en un lugar que desconocéis. Nadie escribió su historia porque todavía no existía la escritura, y aquellos que sobrevivieron contaron una historia distinta a esta que os estoy contando. La verdad se perdió en el tiempo.

 

En ese momento Ugin seguía sin entender lo que acababa de presenciar, ni podía encontrar una respuesta a la guerra que vino después, en la que murieron miles de personas y empezó la hambruna. No había nada que él pudiera hacer. Un día Ugin se despierta tras un sueño convulso para descubrir que Nicol ha desaparecido. Vuela siguiendo su rastro, y de repente siente la voz de su hermano entrando en su mente.

 

"Ven a presenciar el final, Ugin. Ven a presenciar el comienzo ."

En el asentamiento central, en el gran patio frente a la casa comunal del líder, las antorchas estaban encendidas. Nicol se había posado sobre la casa comunal y sus ojos brillaba como gemas en la noche. Esta era una extraña forma magia, el poder permanecer sobre la viga del techo sin que su gran peso colapsara la estructura. Pero en ese sentido, los dragones tenemos hilos de magia entretejidos en nuestro ser.

En el patio, el hijo del jefe y la segunda esposa del líder se habían encontrado. No supe muy bien cómo habían llegado hasta allí, y por qué estaban desarmados, pero la situación encajaba a la perfección, como si fuera el final de una historia romántica.

"Este es el día la boda entre los herederos del asesino del dragón, de aquél que mató en primer lugar a tan temida bestia."

No sé quién dijo esas palabras. Tenía los oídos taponados, y en mi corazón crecía un oscuro presentimiento.

"Estrechad las manos en forma de juramento."

Ella extendió los brazos; él encontró los de ella; y sus dedos se entrelazaron.

"Dejad que vuestro juramento sea sellado con sangre."

Se soltaron. Las antorchas proyectaron una sombra sobre la escena, mientras que cada uno de ellos tomaba la garra del dragón de su reinado. La de ella era estaba engarzada en un bastón, y la de él un cuchillo largo. Hundieron sus garras uno en el pecho del otro, y cayeron al suelo juntos, empapados en la sangre del otro, sin vida.

"Han hecho el sacrificio correcto, " dijo la voz. Era Nicol, elevándose desde la viga del techo. Sus cuernos resplandecían, y los ojos le brillaban de tal manera que consiguió que me mareara. "Desde ahora entenderéis la verdad que encierra la sangre de dragón. Yo mando ahora. Yo soy vuestro verdadero líder. Inclinaos ante mí".

Un vasto y temeroso suspiro fue la reacción del conjunto. La gente cayó de rodillas, tapándose las caras con las manos.

"¿Qué estás haciendo?" Le recriminé. "¡Esto no es lo que aprendiste de Arcades!"

"Por supuesto que esto es lo que aprendí de Arcades," dijo, girándose para mirarme.

En lo más profundo de su mirada pude ver en conflicto entre los dos hermanos, aquél que presenciamos cuando vivíamos en el reino bajo el mandato de Arcades. Pude verles trabajando en armonía, y como esa paz había sido destrozada por el repentino surgimiento de un rencor enterrado desde hacía ya mucho tiempo. Nicol había puesto sus garras sobre él, sembrando la duda y llenando de envidia su vulnerable corazón. El hombre, tan afligido, había sucumbido a un susurro que había despertado lo peor de su ser.

Murder ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Tyler Jacobson

"Ugin, sabes que estoy en lo cierto," dijo mi gemelo de forma suave, seductora. Su voz ejercía una presión, tan persuasiva, tan creíble en su argumento. "Ahora que comprendemos la magia, nada puede impedir construir un liderazgo mejor, desde la difusión de nuestro gobierno, hasta vengarnos de Vaevictus y sus hermanos, y de poner a nuestros hermanos donde se merecen. ¡Los últimos en caer! Ellos lo verán. Nosotros se lo mostraremos, ¿no es así? Ya no nos verán como inferiores. Se inclinarán ante nosotros. Sabes que esto es lo que quieres. El poder puede ser nuestro. Será nuestro."

Pero no era el poder lo que yo quería. Él no me había entendido en absoluto. Ni siquiera le importaba entenderme. Todo lo que le importaba era obtener lo que quería, sin importar el coste para quienes le rodeaban. Sin importarle el coste sobre mí.

¡Ah! Qué gran dolor se apoderó de mis entrañas, una catarata sentimientos entre la conmoción y traición.

Mi hermano, mi gemelo.

Ya era lo suficientemente malvado que hubiera tenido la sangre fría, la capacidad, tan cruel y tan alegremente, de pervertir la mente de esos humanos para obtener lo que necesitaba de ellos.

Ahora lo entendía, tenía la intención de entrar y manipular mi mente también.

Mi hermano, mi gemelo.

Tenía la intención de despertar lo peor de mí, porque él había sucumbido a lo peor de sí mismo y quería arrastrarme consigo.

No, era incluso peor.

Quería usarme para sus propios fines, porque en realidad nunca se había preocupado por mí ni lo más mínimo.

El vínculo que compartíamos. La confianza que teníamos el uno en el otro. Estaba vacía, rota, era falsa.

Una chispa áspera y ardiente estalló en mi corazón y en mi cabeza. Mi carne ardía como si estuviera en llamas y carbonizándose.

Un viento abrasador se arremolinó desde dentro y hacia fuera de los cielos y me arrastró hacia una terrorífica tormenta de oscuridad donde ni siquiera podía respirar, y sentí que mis pulmones estaban aplastados por el peso del miedo. Una fuerza retorció mi cuerpo como si tratara de ponerme al revés. Por un instante, mi mente se quedó en blanco, sin ver, insensible, y luego con un súbito dolor, volví a ser yo mí mismo.

Para mi asombro, me encontraba flotando sobre un mar en calma, tan plano y quieto que podía ver mi propio reflejo en el agua: mis cuernos, mis escamas, mis ojos como dos brillantes chispas ardiendo. Me quedé perplejo, desanimado por la pena de perder al hermano en el que había confiado, y estupefacto por la absoluta e inesperada sorpresa de ser arrancado del único lugar que nunca había conocido y arrojado al espacio entre planos.

Comprendí entonces la verdad sobre lo que Te Ju Ki me había enseñado, ella debía haber visto este lugar en una visión. La pobre era frágil físicamente, y estaba encadenada al suelo de su casa, pero su mente podía ir donde su cuerpo y magia no podían.

Ella había llegado a la conclusión de que nadie podía cruzar entre mundos, pero aquí estaba yo ahora, caminando entre los planos de los ella que me había hablado.

Con ese pensamiento como un ancla, caí cual una estrella fugaz: impotente, ardiendo, borrada por su paso.

Cuando volví a despertar en mi cuerpo, me levanté aquí, despierto y vivo, en Tarkir. Y sentí que la tierra me daba la bienvenida, como si finalmente hubiera llegado a casa.

Nicol había tenido razón después de todo: había sido testigo del final, y este era mi nuevo comienzo.

 

Tae Jin sale del trance. Los truenos resuenan sobre sus cabezas. Todos le preguntan qué es lo que sucede después, pero el texto del pergamino que había memorizado concluía así.

Scroll of the Masters ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Lake Hurwitz

Yasova toma la palabra en este punto:

 

"Entonces, hemos sido llamados a la tumba de Ugin para terminar la historia."

"¿Pero, qué más queda por contar?" preguntó Tae Jin. "¿No es ésta la historia sobre cómo el Dragón Espíritu llegó a Tarkir?."

"Hace dieciocho años, presencié una batalla en el cielo que terminó con la muerte de Ugin. Esa batalla acabó con el Tarkir que conocía. Esa batalla les dio a todos los clanes un nuevo camino, un nuevo principio. Pero había otro dragón en la tormenta ese día. Uno que no había nacido de ella. Ese dragón se desvaneció en un destello de luz dorada. No se fue volando. Simplemente estaba allí, y luego ya no."

"Eso es imposible," exclamó Naiva.

"No es imposible si hay otros planos y unos pocos individuos con el poder de caminar entre ellos, pasando de uno a otro como si saltaran de piedra en piedra al cruzar un río."

"Yo al principio no lo creí cuando me fue revelado este conocimiento", dijo la Abuela. "Cometí un error terrible en aquel momento. Una voz me habló, diciéndome que había actuado por el bien de los clanes, pero sólo había sido una herramienta utilizada por un poder superior a mí. Ese dragón, de nombre Bolas, mató a Ugin. Yo misma vi el cuerpo del Dragón Espíritu en el abismo. Pero los hedros convocados por un Planeswalker llamado Sarkhan Vol contenían una magia que yo no entendía, y que sólo estoy empezando a comprender. La esencia de Ugin sigue viva, aunque pueda parecer una locura. No puede ser una coincidencia que el propio Ugin trate de contactar con nosotros ahora. Estas visiones son un aviso."

"¿Un aviso de qué?" Exclamó Tae Jin. "Lo peor que podría haber pasado ya sucedió cuando los Señores Dragón esclavizaron a nuestros clanes, nuestros Khans y prohibieron el conocimiento legado por nuestros ancestros."

"Quizá eso no sea lo peor que pueda pasar," dijo la Abuela.

 

¡Y aquí termina el relato de esta semana!

Ya conocemos el terrible motivo que hizo que saltara la chispa de planeswalker de Ugin, y parece que el relato de Tae Jin ha concluido.

¿Qué nos depararán el resto de capítulos de estas crónicas que nos tienen en vilo? Espero vuestras preguntas, dudas y comentarios sobre las Magic Story, y nos vemos la semana que viene con el quinto capítulo de las Crónicas de Nicol Bolas.

¡Hasta la próxima!

 

Nacho Sandoval

@NasanMagic

Etiquetas: Lore, Nicol Bolas, Las Crónicas de Bolas, Magic Stories